"Quisera contener en mí todos los sonidos (grito luchando como un demente); llenadme con todas las voces del universo; concededme sus latidos y también los de la naturaleza, las tempestades, las aguas, los vientos, las óperas y los cánticos, ¡expresadlo, derramadlos, los quiero a todos!"
"El hombre que no posea una música en él, ni se sienta
conmovido por la armonía de dulces sonidos, será un
hombre apto para traiciones, estratagemas y pillajes;
los movimientos de su espíritu serán tan apagados como
la noche, sus afectos tan oscuros como Erebus:
desconfiad de tal hombre".
Shakespeare: "El mercader de Venecia"
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